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Orígenes

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En el siglo XVIII el chocolate era elaborado por los maestros chocolateros casi exclusivamente a mano, con instrumentos como los que actualmente pueden contemplarse en el Museo Obrador del s.XVIII, ubicado en casa Brescó, en el centro de Benabarre, junto a la iglesia. El chocolate se elaboraba con un 60% de cacao y se le añadía azúcar y especias como la canela, el clavo o el cardamomo. Se trataba de un chocolate para degustarlo fundido y sin añadirle leche o agua ni harina. Se fundía sólo al calor del hogar de fuego y se tomaba bebido. Como podéis imaginar este chocolate era un producto de costosa elaboración y por lo tanto estaba reservado para las clases más pudientes y la Iglesia. El chocolatero preparaba también un tipo de chocolate más económico destinado a las gentes más humildes. Éste consistía en azúcar en una proporción de un 50%, y el otro 50% restante era azúcar con un poquito de cacao y las especias más abundantes en ese momento: la canela y la vainilla. El uso de este otro chocolate era distinto al chocolate a la piedra que elaboramos todavía, pues estaba destinado para las gentes más adineradas. Este chocolate con harina debía hervirse con leche o agua, según el poder económico de la familia, y resultaba más espeso, dando así lugar al chocolate en polvo a la española.